• Gustavo Luna

Experiencias en nuestra primera clase de panadería.

Actualizado: 12 de sep de 2018

Antes que nada, nuevamente, muchas gracias a todos los papis y mamis que han hecho posible esta #experiencia donde todos hemos aprendido algo nuevo. Cuando se es padre, no es fácil "confiarle" nuestros hijos a un extraño; pero esta dificultad se evapora inmediatamente cuando compartimos la extraordinaria experiencia de ser #padres también. Ser padres no es fácil, y ser un buen padre menos; quien es padre conoce la #humildad, porque ha aprendido que el reto que presenta el tener y cuidar hijos es monumental, más que abrumador y miles de veces tan estresante que uno puede incluso enfermarse, perder la cabeza y cometer grandes errores.





El día de ayer, sin embargo, nos concedimos mutuamente un voto de #confianza, y logramos con este pequeño gesto el inicio de una verdadera comunión entre nuestros hijos que el día de mañana dará sus frutos. (Aprovecho para invitar al resto de la comunidad a integrase en esta iniciativa). La siguiente es una breve crónica de las experiencias vividas ayer en nuestro día uno del taller.


Crónica.

No cabe duda que todos nos divertimos. Los niños comenzaron diciéndome "señor", luego me decían "Gustavo", y al último fui el "Profesor". ¡jajaj #Dios!

Hicimos agua de #limón. ¿Y saben cómo la hicimos?... Cada quien se hizo su propia agua. Los más grandes cortaron los limones; algunos prepararon el hielo; otros la azucarera y cada quien se hizo el agua a su gusto:


-¡Señor, algo le pasa a mi agua, sabe mal!

-yo: ¿a qué sabe?

-¡No sabe a nada!

-¿no sabe a nada?

-¡no, señor!

-a ver dime, ¿de qué es el agua que estamos haciendo?

-¡pues de limón, Señor!

-¿y si no te sabe a nada entonces qué le falta?

-¿limón?

-pues tal vez

-¿le pongo más limón?

-a ver intenta....

-(unos minutos después) Señor, señor, no me gusta mi agua sabe mal, ya le puse dos limones y no me gusta ¿la podría probar?

-si ya le pusiste dos limones y no te gusta a lo mejor te gusta con mucho limón, ponle más.

-señor, señor, ya le puse tres limones y todavía no me gusta, ¿pruébela por favor?

-¿de verdad quieres que pruebe tu agua?, ¿no te importa que tome de tu vaso?

-No

-Bueno, a ver... mmmh sabe a mucho limón pero se me hace que no te gusta porque le hace falta otra cosa.

-¿Qué es, Señor?, ¡así no me gusta!

-mira, si ya le pusiste mucho limón, y ya está fría ¿qué es lo único que le hace falta?

-¡más azúcar!

-a ver intenta....

-¡ya!, ¡ya señor!

.....perfecto




Pero no solo ellos aprendieron. Ayer, aunque no me crean, aprendí de un niño, el arte de cortar limones reduciendo a casi cero la posibilidad de cortarse. ¡Cómo la ven! Resulta que a mis añales nunca he cortado los limones como debe hacerse. Ahora ya sé cómo enseñarle a mi hijo Gabriel de diez años, que insiste en cortarlos con mi método primitivo, y que obvio, a mí se me paran los pelos de punta de miedo cuando lo veo cortando limones.




Por último vino la parte más divertida, y al mismo tiempo, la más caótica de todo el taller. El tiempo de preparar todo. Tal parece que hay cierta belleza en el #caos. Allí donde un observador externo ve caos, los que estamos inmersos en él, solo vemos belleza y diversión... Y así pasaron las horas, en este mar caótico pero al mismo tiempo ordenado. La casa se llenó de gritos, de #vida, y de manos alzadas para ser los primeros en verter los ingredientes al molde, cernir la harina, agregar la sal utilizando la frase "una pizca de sal", y batirlo todo mientras el género femenino nos contemplaba a lo lejos como quien ve en un zoológico a un grupo de changuitos revoltosos, escandalosos y corriendo y gritando sin sentido por toda la casa. Efectivamente, las mujeres no son el problema, somos los hombres. :)



Y sí, lavamos trastes. La igualdad de género se construye en casa. Muchas gracias por ser parte de esta iniciativa.



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